miércoles, 14 de diciembre de 2016

Don Pepe Artigas "El Gran Cacique" - Reflexiones sobre la Personalidad y Carácter del Prócer





Dice en el Capítulo I el de nuestra Constitución, que “La República Oriental del Uruguay es la asociación política de todos los habitantes comprendidos de su territorio”; “Ella es y será para siempre libre e independiente de todo poder extranjero”; “Jamás será el patrimonio  de personas ni de familia alguna” según lo refiere en  el Artículo 1°, 2° y 3°, respectivamente. Constitución jurada en 1830, prevista en una Convención Preliminar de Paz celebrada entre Argentina y Brasil, donde se pactó la Independencia de nuestro país por mediación de Inglaterra, carta y código político que sirvió de impulso para encaminarnos hacia la vida institucional y la propagación en el plano internacional como país libre e independiente.



Decía el filósofo Marco Tulio Cicerón que “los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla“, de estas palabras nace la importancia y deber como ciudadanos orientales de conocer nuestra historia, de la cuál mucho se sabe y poco se habla; abundando en esta época los pseudo-intelectuales que buscan desmitificar a nuestros héroes y nuestra gloria, y exaltar las pasiones personales por encima de las virtudes, para alimentar y justificar esa impotencia y culto al fracaso, quienes en lugar de aspirar a ser grandes hombres nobles, se conforman con ser “enanos”, llegando a  echar tierra al pasado, formulando “leyendas negras” contaminadas de ideas erronas y retorcidas e intereses creados para distorsionar la imagen de quienes fueron los constructores y defensores de nuestra soberanía.



 Esta soberanía, esta identidad charrúa-guaraní-yoruba que nos arraiga a nuestra sagrada tierra, fue el resultado de múltiples luchas y conflictos, de soñadores y guerreros con una fuerte convicción en una Ideal de Vida y Libertad. Los cimientos de esta libertad tan buscada fue impulsada por un héroe, un humano sincero y leal a sus principios, un amante de la Justicia, un Libertador; Don Pepe Artigas; “El Gran Cacique”, forjador de una Patria que no hubiese sido tal, sin su Valor y Sacrificio.



Antes de comenzar a hablar sobre nuestro prócer es necesario comprender el escenario político y social de aquel entonces. La llamada “Banda Oriental” recibió su nombre durante el período colonial por su ubicación respecto al Río Uruguay, “Uru” es una palabra guaraní con la que se describe a un “Ave Sagrada” de esta casta indígena, pudiendo ser esta la raíz etimológica de lo que derivó y dio nacimiento a Uruguay. Por otra parte “Gua” en idioma guaraní es “lugar de”, y “Uruguá” es un tipo de caracol, una especie que abunda en las costas del río, siendo estas que se forja la interpretación de “Río de los Pájaros” o “Río de los Caracoles”.



En aquel entonces, el territorio de la Banda Oriental estaba en un constante litigio por las fuerzas portuguesas que pretendían expandir su imperio al sur  del Río Grande. Poco antes del nacimiento de Artigas, se funda Montevideo por el gobernador de Buenos Aires Bruno Zabala el 30 de enero de 1726, estrategia de la Gobernación del Río de la Plata para contener y aminorar la expansión lusitana que había comenzado en 1680 con la fundación de Colonia del Sacramento por parte de una expedición de Manuel Lobo con el apoyo de la Corona Inglesa, con el fin de competir con Buenos Aires en materias políticas y económicas.



José Gervasio Artigas nació un 19 de junio de 1764, era hijo legítimo de Don Martín José Artigas y Doña Francisca Antonia Arnal, siendo el tercer hijo de los seis que tuvieron sus padres. Su nacimiento figura en la ciudad de Montevideo según la “historia oficial”, aunque hoy existen muchas controversias respecto a su lugar de nacimiento, siendo producto de estudio de diversos historiadores, estimando como posibles lugares las ciudades de: Las Piedras, El Sauce, Pando, Carrasco y Casupá. Este planteo surge tras la deducción de las distancias habidas por recorrer con un bebe en brazos en dicha época y las iglesias existentes en ese entonces. Lo cierto es que estudios recientes hacen dudar de la autenticidad de su partida de nacimiento, la de la foja 209 vuelta del Libro de Bautismos de la Iglesia Matriz, afirmando que no es la partida original, ya que los datos no están correlacionados sino que aparecen “muy al final del mismo”  según palabras de  don Llambías de Olivar, constructor del árbol genealógico de los Artigas.



Los primeros años de su vida transcurrieron en la ciudad y en la chacra familiar, situada en las cercanías del arroyo Carrasco. Su educación estuvo a cargo de  padres franciscanos, formándose en la escuela del Convento de San Bernardino, donde aprendió a leer y escribir, como así también aritmética elemental, lengua y gramática latina y la doctrina cristiana. Fue también amigo del pensador español Don Félix de Azara, recibiendo del mismo cuentos y vivencias de los negros. Según nos cuentan era muy distinguido entre sus compañeros por su clara inteligencia y aficiones literarias. De niño estuvo rodeado de los llamados en aquel entonces “tíos y tías” de origen africano. En responsabilidad de los mismos estaba la crianza hogareña, siendo tratados estos en el mundo de los Artigas como parte de la familia, a diferencia de otras, quienes tristemente solo veían en los negros, objetos sin humanidad alguna. Como bien señala Vicenti Rossi, raro “era que no hubiera una morena con hijos de leche en esos hogares, no pocos de los cuales hijos debieron su salud y músculo a la ubre negra”. Profundizando en este lazo entre los negros y los Artigas, Doña Josefa Ravia, sobrina de nuestro prócer nos dibuja este bonito relato afirmando que “no hay uno que no cuente que los antepasados se casaron en casa de tío Martín Artigas, o que uno de los Artigas no haya sido su padrino, hasta la negrada esclava de la familia”



El futuro prócer llevaba en sus venas la sangre dos generaciones criollas, formándose como hombre de ciudad y de campo a la vez, moldeando la que será su fuerte personalidad de Caudillo, dedicándose por mucho tiempo a la perfección de las destrezas de la vida rural, mimetizándose allí con los indios y gauchos, cimentando entre si un fuerte lazo. En palabras de Washington Reyes Abadie “Su agilidad y destreza en el manejo de las armas y el caballo, su actividad en los trabajos de campo unidas a su fuerza corporal, le dieron un gran ascendiente sobre sus peones y compañeros”.



El viajero francés Auguste de Saint-Hilaire, escribió “Artigas posee habilidad para hacerse querer de los indios y de los campesinos”…”Tiene…las mismas costumbres de los indios, cabalga tan bien como ellos, viviendo del mismo modo, y vistiendo con extrema simplicidad”



Poseía un fuerte sentido del Honor y la Justicia, siendo estos los pilares de su hombría. Su inteligencia se adaptaba tanto a las circunstancias como a las personas. Sus deseos contemplaban la libertad y la igualdad de derechos de todos los hombres, amándolos a todos, tratándolos como sus iguales; a sus amigos, a sus humildes, a los indios y a los negros, siendo reflejado este ideario en uno de sus pensamientos; “Los pueblos de América del Sur están íntimamente unidos por vínculos de naturaleza e intereses recíprocos.”



Solía identificarse con la Justicia en su sentido profundo, de dar a cada uno lo que merece. Era poseedor de una férrea Voluntad. Dijo una vez que “La energía es el recurso de las Almas Grandes”. Bartolomé Mitre lo describe en su “Manuscrito sobre Artigas” como: “sereno y fecundo, siempre se mostró superior al peligro. Artigas era verdaderamente un hombre de hierro. Cuando concebía un proyecto no había nada que lo detuviera en su ejecución; su voluntad poderosa era del temple de su alma y el que posea esta palanca puede reposar tranquilo sobre el logro de su empresa…original, en sus pensamientos como en sus maneras, su individualidad marcada hería de un modo profundo la mente del pueblo”.



A solicitud de Justo Maeso, Doña Josefa Ravia, quien fuera sobrina del prócer de la patria, nos deja un testimonio y recuerdo directo; “en cuanto al carácter personal de Artigas, lo tengo muy presente, desde niña he estado oyendo diálogos de tía Martina Artigas, hermana del tío Pepe, con mi tía Josefina Ravia…ellos decían que don Pepe era muy paseandero y muy amigo de sociedad, y de visitas, así como de vestirse bien a lo cabildante; y que se hacía atraer la voluntad de las personas por su modo afable y cariñoso”.



El historiador Luis Bonativa tras años de investigación y varios testimonios recogidos realiza una clara descripción de su aspecto personal; “Artigas era más bien taciturno que expansivo; cuando nada tenía que decir permanecía en silencio, pero siempre oportuno, discreto y sincero. Tuteaba a los soldados y los hacía objeto de bromas, pero siempre conservando un envidiable equilibrio entre la reserva y la gravedad necesaria a su prestigio y afabilidad”.



Muestra de su valentía y templanza nos llega una anécdota de la época, en la que cuentan que; “un día, durante la invasión portuguesa, mientras dormía bajo un ranchito de arcos que acababan de construir, despierta al sentir un aliento en los pies, luego en los costados, luego un cuerpo pesado sobre el suyo, y al ver que era un tigre, salta arrojando al animal, que huía ya con un perro de Artigas entre los dientes y volteando por los aires al ranchito”.



Se dice que trataba a todos con gran cariño y consideración, a excepción de ladrones, asesinos y personas presas de vicios. Era enemigo de la mentira y la traición.



En 1797, a la edad de 33 años, bajo una amnistía, ingreso como soldado al recién creado Cuerpo de Blandengues de Montevideo, milicia creada y autorizada por el Virreinato del Río de la Plata, con finalidad de proteger las fronteras, participando del control de los avances portugueses en la frontera norte. Cuenta Juan Pivel Devoto que; “Artigas contaba entonces treinta y tres años a los que una vida intensa había dado madurez y experiencia. En sus correrías por los campos de la Banda Oriental, en los que el desierto era interrumpido por una que otra población, o el rancherío de una estancia, había llegado a dominar la realidad geográfica que formaban las dilatadas extensiones de suaves colinas con abundantes pastos, las serranías y grandes cuchillas que servían de rumbo a los baqueanos, a reconocer los pasos y picadas para vadear los ríos y arroyos, los senderos que daban acceso a los montes que servían de refugio a los bandoleros. Persiguiendo ganado alzado para hacer tropas, parando rodeo en las estancias o haciendo corambres en compañía de hombres de rudo aspecto y alma simple, había penetrado en el alma del gaucho, del changador y del indio, en la solidaridad que crea el peligro y las fatigas, en las charlas y confidencias del fogón. Su espíritu inquieto habíase saciado ya con la aventura de esa existencia libre, en la que el duro trajín de correr campos y faenar ganados se matizaba boleando potros y avestruces, matando perros cimarrones o descubriendo la guarida de un tigre. La existencia en un medio de costumbres tan primitivas no había dejado en su alma sedimentos innobles”.



En una de sus campañas contra los portugueses es que Artigas se encuentra con un afro-montevideano que había sido capturado por los portugueses y confinado a la esclavitud. Don Pepe, procede a comprar y dejar en libertad a Joaquín Lenzina, quién pasaría a la historia como el “Negro Ansina”, amigo y camarada de armas del prócer. Ansina expresa claramente esa devoción hacia el símbolo que representaba Artigas: “Los Charrúas han vencido por igual a los españoles y portugueses, que se metieron en la Banda Oriental: a todos derrotaron varias veces. A nadie respetan sino a Artigas. Lo admiran por jinete valiente, porque no elude las fatigas, para que se respete a esa gente. Según ellos es el Gran Cacique y le obedecen con devoción: saben que así no habrá quien les quite la libertad de su raza y nación”.



Al regreso de una de estas misiones, en enero de 1798, fue designado Capitán del Regimiento de Milicias de Caballería. Poco después, el 2 de marzo del mismo año, comenzó a desempeñarse como Ayudante Mayor con el grado de Teniente hasta llegar al 5 de septiembre de 1810, fecha en la que alcanzó el grado de Capitán. Fue en febrero de 1811 cuando Artigas desertó por diferencias ideológicas, del Cuerpo de Blandengues en Colonia del Sacramento trasladándose a la ciudad de Buenos Aires, donde se le otorgo el grado de Teniente Coronel, iniciando el levantamiento de la Banda Oriental contra el poder español. El 11 de abril emitió la Proclama de Mercedes, asumiendo el liderazgo de la revolución en la Banda Oriental, derrotando a los españoles en 18 de mayo en la “Batalla de las Piedras”, gracias a sus virtudes de gran estratega; recordemos que esta batalla fue librada con gauchos e indios con escasos recursos armamentísticos contra un ejército español de primer nivel. Al tiempo inició el sitio de Montevideo, siendo proclamado “Primer Jefe de los Orientales”.



Al año siguiente tras la Convocación Nacional en Maroñas, proclamó a la Provincia Oriental con gobierno Federal, siendo este un impulso y modelo a seguir por las Provincias Unidas del Río de la Plata.



Según Hernán Patiño Mayer, Embajador de la República Argentina en Uruguay, en un acto llevado el 13 de Mayo del 2004 en el Salón Dorado de la Intendencia Municipal de Montevideo, declaró que; “La historia argentina sigue en deuda con Artigas y poco será todo lo que hagamos para reconocer la importancia que su figura tuvo en la construcción de nuestra nacionalidad. Artigas fue el Jefe de los Orientales, el Protector de los pueblos libres y el padre del Federalismo Argentino”.



Artigas, en su fecunda visión de la solidaridad de los pueblos de América, luchó por la libertad ante la opresión monárquica, no cesó de llevar adelante sus idearios libertarios. Y esta visión de Libertad e Igualdad, lo llevó a defender y proteger a los indios; “Yo deseo que los indios, en sus pueblos, se gobiernen por sí, para que cuiden de sus intereses como nosotros de los nuestros. Así experimentarán la felicidad práctica y saldrán de aquel estado de aniquilamiento a que los sujeta la desgracia. Recordemos que ellos tienen el principal derecho, y que sería una degradación vergonzosa, para nosotros, mantenerlos en aquella exclusión vergonzosa, que hasta hoy han padecido por ser Indianos. Acordémonos de su carácter noble y generoso” (3 de mayo de 1815 en Santa Fe.)



En 1816 en correspondencia  dirigida al Cabildo de Corrientes expresa que: “Los indios aunque salvajes no desconocen el bien…Su ignorancia e incivilización no es un delito reprensible. Ellos deben ser condolidos más bien de esta desgracia, pues no ignora V.S. quien ha sido su causante, ¿y nosotros habremos de perpetuarla? ¿Y nos preciaremos de patriotas siendo indiferentes a ese mal? Por lo mismo es preciso que los magistrados velen por atraerlos, persuadirlos y convencerlos y que con obras mejor que con palabras acrediten su compasión y amor filial”.



Según palabras del muy respetable historiador Agustín Beraza, Artigas consideró “llegado el momento de establecer, claramente, la diferencia entre los dos sectores: el de Los Pueblos Libres que se hallaban bajo su Protectorado y los que seguían la política  de Buenos Aires. Surgió así la Bandera de los Pueblos Libres”. Artigas estableció que en “todos los pueblos libres de aquella opresión se levante una igual a la de mi Cuartel General: blanco en medio, azul en los dos extremos y en medio de estos unos listones colorados signos de la distinción de nuestra grandeza, de nuestra decisión por la República y de la sangre derramada para sostener nuestra Libertad e Independencia”. Beraza también afirma “que el acontecimiento tuvo lugar en el Cuartel General de Arerunguá”. Siendo esta un símbolo para guaraníes, entrerrianos, misioneros, correntinos, santafecinos, cordobeses, orientales, charrúas, minuanes, abipones, guaycurúes, mocovíes, bantúes, yorubas, vénguelas, etc…



El Padre Dámaso Antonio Larrañaga nos hablaba sobre el fuerte vínculo entre Artigas y la muchedumbre; “el corazón humano, principalmente el de nuestros paisanos, y ahí sí no hay quien lo iguale en el arte de manejarlos. Todos lo rodean y lo siguen con amor, no obstante que viven desnudos y lleno de miseria a su lado”



Otro suceso de relevancia en cuánto a la plasmación de las ideas artiguistas es el de las conocidas Instrucciones del Año XIII, que luego de exigir garantías de futuro a Buenos Aires, el Congreso acordó la designación de cinco diputados a la Asamblea Constituyente de Buenos Aires, correspondiendo uno a cada uno de los cabildos de la Provincia. Este suceso pasaría a la historia como las Instrucciones del Año XIII; redactadas por Artigas; las que fueron un pilar político-jurídico de alcances incomparables, basado en fundamentos democráticos-republicanos, los que eran una “Carta Magna” para las Provincias Unidas. Estas constituyen los pilares del idel que Artigas buscaba plasmar:



"Primeramente pedirá la declaración de la independencia absoluta de estas colonias, que ellas están absueltas de toda obligación de fidelidad a la corona de España y familia de los Borbones y que toda conexión política entre ellas y el Estado de la España, es y debe ser totalmente disuelta."



"Art. 2 - No admitirá otro sistema que el de Confederación para el pacto recíproco con las provincias que formen nuestro Estado."



"Art. 3 - Promoverá la libertad civil y religiosa en toda su extensión imaginable."



"Art. 4 - Como el objeto y fin del Gobierno debe ser conservar la igualdad, libertad y seguridad de los ciudadanos y de los Pueblos, cada Provincia formará su gobierno bajo esas bases, a más del Gobierno Supremo de la Nación."



"Art. 5 - Así este como aquel se dividirán en poder legislativo, ejecutivo y judicial."



"Art. 6 - Estos tres resortes jamás podrán estar unidos entre sí y serán independientes en sus facultades."



"Art. 7 - El Gobierno Supremo entenderá solamente en los negocios generales del Estado. El resto es peculiar al gobierno de cada Provincia."



"Art. 8 - El territorio que ocupan estos Pueblos de la costa oriental del Uruguay hasta la fortaleza de Santa Teresa, forma una sola Provincia, dominante: LA PROVINCIA ORIENTAL."



"Art. 9 - Que los siete pueblos de Misiones, los de Batovi, San Rafael y Tacuarembó, que hoy ocupan injustamente los portugueses y a su tiempo deben reclamarse, serán en todo tiempo territorio de esta Provincia."



"Art. 10 - Que esta Provincia por la presente entra separadamente en una firme liga de amistad con cada una de las otras, para su defensa común, seguridad de su libertad y para su mutua y general felicidad, obligándose a asistir a cada una de las otras contra toda violencia o ataques hechos sobre ellas, o sobre algunas de ellas, por motivo de religión, soberanía, tráfico o algún otro pretexto cualquiera que sea."



"Art. 11 - Que esta Provincia retiene su soberanía, libertad e independencia, todo poder, jurisdicción y derecho que no es delegado expresamente por la Confederación a las Provincias Unidas juntas en Congreso."



"Art. 12 - Que el puerto de Maldonado sea libre para todos los buques que concurran a la introducción de efectos y exportación de frutos, poniéndose la correspondiente aduana en aquel pueblo; pidiendo al efecto se oficie al comandante de las fuerzas de S.M.B. sobre la apertura de aquel puerto para que proteja la navegación o comercio de su nación."



"Art. 13 - Que el puerto de la Colonia sea igualmente habilitado en los términos prescriptos en el artículo anterior."



"Art. 14 - Que ninguna tasa o derecho se imponga sobre artículos exportados de una provincia a otra; ni que ninguna preferencia se dé por cualquiera regulación de comercio o renta, a los puertos de una provincia sobre los de otra; ni los barcos destinados de esta provincia a otra serán obligados a entrar, a anclar o pagar derecho en otra."



"Art. 15 - No permita se haga ley para esta Provincia sobre bienes de extranjeros que mueren intestados, sobre multas y confiscaciones que se aplicaban antes al Rey y sobre territorios de éste, mientras ella no forma su reglamento y determine a qué fondos deben aplicarse, como única al derecho de hacerlo en lo económico de su jurisdicción."



"Art. 16 - Que esta Provincia tendrá su constitución territorial; y que ella tiene el derecho de sancionar la general de las Provincias Unidas que forme la Asamblea Constituyente."



"Art. 17 - Que esta Provincia tiene derecho para levantar los regímientos que necesite, nombrar los oficiales de companía, reglar la milicia de ella para la seguridad de su libertad, por lo que no podrá violarse el derecho de los pueblos para guardar y tener armas."



"Art. 18 - El despotismo militar será precisamente aniquilado con trabas constitucionales que aseguren inviolable la soberanía de los Pueblos."



"Art. 19 - Que precisa e indispensable sea fuera de Buenos Aires donde resida el sitio del Gobierno de las Provincias Unidas."



"Art. 20 - La constitución garantirá a las Provincias Unidas una forma de gobierno republicana y que asegure a cada una de ellas de las violencias domésticas, usurpación de sus derechos, libertad y seguridad de su soberanía, que con la fuerza armada intente alguna de ellas sofocar los principios proclamados. Y así mismo prestaría. toda su atención, honor, fidelidad y religiosidad, a todo cuanto crea, o juzgue, necesario para preservar a esta Provincia las ventajas de la libertad, y mantener un gobierno libre, de piedad, justicia, moderación e industria. Para todo lo cual, etc."



"Delante de Montevideo, 13 de abril de 1813."



Las Cláusulas fundamentales de las Instrucciones de nuestro prócer fueron las siguientes:



•           Independencia absoluta de las colonias;

•           Sistema de confederación de las provincias conforme a un pacto de reciprocidad;

•           Libertad civil y religiosa en toda su extensión;

•          La libertad, la igualdad y la seguridad de los individuos de cada provincia, que debían   constituir la base de los gobiernos locales y del gobierno central;

•           Independencia de los tres poderes del Estado;

•          Autonomía provincial en su manejo interno; soberanía, libertad e independencia de la Provincia Oriental: aniquilación del despotismo militar merced a trabas constitucionales;

•           Exclusión de Buenos Aires como capital federal;

•           Garantías de comercio para ciertos puertos orientales.





Como bien señala José Enrique Rodó: “en el ambiente agreste, donde el sentir común de los hombres de la ciudad sólo veía barbarie, disolución social, energía rebelde a cualquier propósito constructivo, vio el gran caudillo, y sólo él, la virtualidad de una democracia en formación, cuyos instintos y propensiones nativas, podían encauzarse como fuerzas orgánicas, dentro de la obra de fundación social y política, que había de cumplirse para el porvenir de estos pueblos”.



A mediados de este siglo tomamos las palabras de Eugenio Petit Muñoz: “Artigas hará como Tupac Amaru, como Hidalgo y como Morelos, también la Revolución por el indio, es decir, también una revolución social además de patriótica y política, pero más amplia y levantada, no una revolución de indigenismo exclusivista como las que, de hecho, aunque no en la palabra, condujeron esos otros próceres, sino una de ideales humanos y políticos más claros y elevados que los de los dos primeros, ideales que llegaban sin límites hasta una democracia integral como la que hoy espera el mundo”



La figura de Artigas fue de gran importancia para el triunfo de la democracia en América Latina. Hay en el pensamiento artiguista una conciencia de unión, una filosofía integradora, donde se propagan los ideales de Justicia y Libertad. Gran Estratega y Visionario quién lucho por sus ideales. Para finalizar tomaremos palabras del historiador argentino Pacho O’Donnell, quién lo describe de una manera muy bella; “Aunque la historiografía liberal insiste en recordar a José Gervasio de Artigas como el artífice de la independencia de la República Oriental del Uruguay, lo cierto es que, en realidad, el caudillo fue el representante más vigoroso de un proyecto de organización federal, popular y latinoamericanista para las Provincias Unidas del Rio de la Plata, que en tiempos de Mayo incluían los actuales territorios de la Argentina, Uruguay, Bolivia y Paraguay. Su inflexible convicción lo enfrentó con el elitista y extranjerizante unitarismo porteño que abogaba por la hegemonía del puerto sobre las provincias. Férreo defensor del sufragio universal cuando ninguna sociedad del planeta practicaba el voto popular, llevó a cabo la primera reforma agraria de toda Latinoamérica…Obligado a combatir sin apoyos ni medios contra los colonialistas españoles y contra la invasión portuguesa desde el Brasil alentada por Gran Bretaña, debió defenderse, al mismo tiempo, de las tropas enviadas desde Buenos Aires y de las intrigas urdidas por triunviros y directores supremos, que no dudaron en poner precio a su cabeza. Exiliado en Paraguay, el “Protector de los Pueblos Libres” murió pobre, acallado su ideario por el centralismo triunfante, pero respetado por San Martín y los caudillos provinciales y recordado siempre por su pueblo… ”



                     © 2016 Jorge Nicolás Martínez. Todos los derechos reservados.

No hay comentarios:

Publicar un comentario